jueves, 4 de agosto de 2011

EN GALICIA SIEMPRE LLUEVE

“En Galicia siempre llueve” es una frase muy manida por aborígenes y bárbaros, si bien a los primeros nos molesta que la repitan los segundos. Sin embargo el municipio peninsular con mayor pluviosidad se encuentra en la provincia de Cádiz y si nos detenemos frente a los datos de días de lluvia, este valor es inferior al del resto de regiones cantábricas aunque los niveles de precipitación sean similares. Aun con estos matices es innegable que la exagerada sentencia tiene solidez legítima y que por tanto, nos moleste más o menos o la queramos diseccionar por comarcas, la verdad es que todos asentimos cuando nos espetan la dichosa frase.
Exactamente lo mismo ocurre en política cuando legos e ilustrados mantienen que no hay un político bueno. El clima de Galicia ni debe ni puede cambiarse pero el cariz de nuestros políticos tiene que ser distinto y el que no haga algo que asuma las consecuencias.
La clase política está formada  por dos tipos de individuos. El primero se ha vinculado a un partido político por tradición familiar, u otros motivos sentimentales, desde su primera juventud. Rodeado siempre de otros individuos que comen, piensan y duermen como él. Donde ha crecido a base de zancadillas, peloteo y favores. Nunca ha desarrollado una actividad laboral que no esté ligada a la política y no conoce más mundo que la caverna de su partido. Son personas ambiciosas de poder, dinero  o reconocimiento, o las tres cosas juntas y en ningún momento les motiva el bien común, y aunque esto no fuese cierto tampoco sabrían cómo hacerlo.
El segundo tipo son personas afines a una ideología pero sin militancia expresa, que desarrollan una carrera de éxito al margen de la política y un día dan un giro a su vida para dedicarse a la política por motivos desconocidos. Entran directamente a cargos de relevancia y son una maniobra perfecta de marketing para el partido que los ficha. Son personas brillantes, algunos además tiene buena voluntad y buen hacer y terminan abandonando presionados por el partido que los captó, por un compañero de la clase anterior o por la opinión pública por no dar la imagen que les pedimos a los políticos: presencia, oratoria, moralidad y demagogia. Otros se acomodan, descansan de su vida profesional y favorecen sus anteriores negocios que, ahora, están a nombre de toda la familia.
La mayoría de la gente es honesta y por ese motivo no quiere ni oír hablar de hacer política, yo creo que ya es hora de que las personas honestas estemos en los partidos políticos. Si se ha desvirtuado la democracia es porque no participamos de ella más que cuando hay que votar. Gran error. Yo quiero que haya personas comprometidas y brillantes dirigiendo nuestros intereses, no quiero a nadie que esté de espaldas a la sociedad, que prevarique en su favor o a favor de sus afines, quiero dirigentes que digan la verdad aunque esa verdad no sea bonita. Si los políticos que tenemos ahora fuesen médicos nunca le dirían a nadie que tiene una enfermedad.
Por esto yo quiero participar en política.
Ningún partido político veterano es válido para tomar la postura anterior, sería ir a luchar contra los elementos, están demasiado corrompidos. En cuanto a la ideología no comparto la política económica, autonómica, antiterrorista y de educación del partido socialista ni puedo estar de acuerdo con el conservadurismo arraigado en la derecha.
Cuando a mí me dicen que en Galicia llueve mucho yo siempre contesto que en las Rías Baixas tenemos un “microclima”. En política ese “microclima” lo representa el partido fundado y presidido por Rosa Díez: Unión Progreso y Democracia (UPyD). Os invito a leer su manifiesto fundacional www.upyd.es/contenidos/secciones/366/Manifiesto_fundacional.
Encontraré es este partido personajes de todas las clases anteriormente expuestas. Seguro que habrá casos de corrupción y malas prácticas, habrá ineptos, zancadillas y puñetazos pero hay una gran diferencia con respecto a otros; la vocación de cortar de raíz estos excesos. No comparto al cien por cien su programa y hay algunas cosas que criticar o matizar pero sí comulgo con su política educativa, económica, territorial, de reforma constitucional y de cambio del sistema electoral. En definitiva sólo pretendo aportar sentido común y unir mi voz a la de otros que, como yo, hagan suyo el ideario de UPyD. Tampoco tengo tiempo para más.