lunes, 2 de enero de 2012

MENTIRAS, MEDIAS VERDADES, JUECES Y DILAPIDACIONES.


Me subí al carro de la política porque estaba indignado y ahora que estoy subido me siento más indignado.
Hablaba tiempo atrás de las bondades de participar en un partido político, hoy quiero exponer lo contrario: las maldades, que no sólo las hay si no que superan con creces  a aquéllas.
En política se miente, y no me refiero a las promesas de políticos que son algo así como las tener un cuerpo danone; no son creíbles ergo no son peligrosas. Pero sí es peligroso azuzar con mentiras a ciudadanos ya de por sí inflamables, crédulos, dúctiles o meramente simples, que no se paran a contrastar los contenidos de las arengas de sus líderes “ideológicos” que los espolean irresponsablemente contra todo lo que diverge de su línea argumental.
Pero son incluso peores las medias verdades, fundamentadas en hechos ciertos hábilmente manipulados que son difíciles de refutar, porque difícil es demostrar que no existe lo que no existe.
Pero en política no todo son los políticos. Cada vez detesto más lo políticamente correcto que nunca llama a las cosas por su nombre, y por eso no me importa que se me juzgue por lo que voy a decir ahora y que no pienso explicar, porque cansa tener que explicarlo todo. Hace poco leí aquí que uno de los problemas de la crisis mundial es el sistema democrático, nada que no se haya dicho antes  en este libro y es que quien mejor maneja la demagogia es el “hombre masa”, que rápidamente asume los tres poderes del estado, sentenciando según su fuero interno la culpabilidad o inocencia del actor de un hecho del que desconoce los detalles, y aplicando una pena arbitraria en función de…y yo que sé de qué. Es exactamente la misma masa que hace siglos quemaba a las brujas o delataba a los infieles.
Internet está lleno de recogidas de firmas para pedir la libertad de convictos que no sé si reúnen los requisitos para alcanzarla, para censurar obras que no sé si atentan contra la libertad de expresión, para denunciar casos de negligencias médicas que no sé si han seguido los protocolos básicos establecidos. Nos hemos erigido en jueces, censores, verdugos, prescriptores, y más recientemente en catedráticos en economía, capaces de discutir el crecimiento del PIB sin saber ni siquiera que hay distintos tipos de PIB.
Estoy realmente cansado de los juicios rápidos del hombre masa, porque son siempre injustos. Defiendo a la persona sobre la masa. Defiendo que la información no es un derecho sino una obligación para aquel que pretenda opinar o actuar públicamente. Defiendo el derecho a estar equivocado porque la verdad es pocas veces absoluta y defiendo la libertad de expresión fundamentada y pacífica.
No he querido detallar las mentiras y medias verdades que han sido acicate para escribir este texto pero sí quiero dejar claro que no tienen nada que ver con temas internos del partido-isla en el que milito sino todo lo contrario.

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