La mañana está fresca. Las nubes se dispersan. Quizá mañana todavía pueda disfrutar del último día de playa. Porque el final de septiembre promete nubarrones de los buenos. Y esto no lo dice Windgurú, lo dicen las portadas de toda la prensa nacional.
Una andanada de noticias están preparando el ambiente para la huelga general: la percepción del Presidente Rodríguez Zapatero sobre la realidad de los parados que “trabajan por España”, los videos sobre “las mentiras de la crisis” que UGT ha realizado en clave de humor y que exhibe en su página web www.ugt.es , la controversia creada por los liberados sindicales a raíz de las intenciones de la Presidenta de la Comunidad de Madrid, e incluso la expulsión de ciudadanos rumanos asentados en Francia por parte del gobierno de Nicolás Sarkozy.
Me parece muy apropiado el debate abierto sobre los liberados sindicales. Lo demás es humo, no me interesa.
Es cierto, quizá Esperanza Aguirre saque el tema para desviar la atención sobre otros asuntos, y es seguro que en su administración tiene otros problemas más importantes y urgentes que tratar. Y por supuesto la coincidencia con la huelga general no es casualidad. Pero asépticamente el tema es, por sí mismo, relevante.
El representante o liberado sindical es una pieza fundamental en el marco laboral, y es necesario que disponga de tiempo dentro de su jornada de trabajo, por tanto retribuido, para dedicarse a las labores sindicales, es decir, a vigilar que el empresario cumpla lo pactado en el convenio colectivo al que esté adherido o en el Estatuto de los Trabajadores.
No sé qué cantidad de horas son necesarias para ejercer con diligencia estas labores, pero sí sé que hay empresas que no cumplen los Convenios Colectivos y que nadie lo denuncia. También sé que hay representantes sindicales que dedican sus horas de representación sindical a asuntos personales. No sé si estos y aquellas son el 10, el 50 o el 99% de su respectivo total y por eso hay que abrir este debate.
Percibimos al empresario como un explotador y al sindicalista como un alborotador. Esto es un problema que lleva al trabajador a desconfiar de uno y de otro y hace que sienta solo. Tiene que cambiar.
Nuestra percepción colectiva nos alarma de que hay un problema, pero la percepción es subjetiva, hay que trabajar con datos objetivos y hay que tomar medidas consecuentes y adecuadas.
La estructura sindical y sus funciones deben ser revisadas porque afectan a nuestra productividad y por tanto a nuestra competitividad, y si no somos competitivos nadie nos va a comprar y nosotros compraremos fuera y por tanto más empresas tendrán dificultades y por tanto habrá más trabajadores “trabajando por España” y así hasta que nos cansemos.
Hay muchos factores que afectan a la productividad, la relación patronal-sindicatos en uno de ellos. En todo hay que rascar.
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